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Fotografía editorial desde Benicarló

Editorial · 26/10/2026

Fotografía editorial desde Benicarló

Cinco proyectos de Pinta BAphoto para entender cómo la fotografía editorial convierte cuerpos, música y espacios en relatos con pulso propio.

Hay fotografías que simplemente muestran. Y hay otras que construyen una atmósfera, dejan una pregunta flotando y consiguen que miremos un poco más despacio. La fotografía artística editorial pertenece a ese segundo territorio: no busca únicamente conservar una imagen bonita, sino crear un relato visual con intención, textura y memoria.

La última edición de Pinta BAphoto, celebrada en el Pabellón 8 de La Rural, reunió propuestas muy distintas alrededor de los 200 años de historia de la fotografía. Entre ellas, la selección de Arte al Día reúne cinco proyectos especialmente sugerentes. Los miramos desde aquí, desde Benicarló, pensando en esa manera de contar que también nos acompaña en el estudio Roda & LaPepa.

Cuando el cuerpo deja de ser una pose

En Imágenes Latentes, curado por Sol Echevarría, el cuerpo aparece como territorio de investigación. No como una figura perfecta ni como un objeto inmóvil, sino como algo cambiante, expuesto a la mirada, a las redes, a la intimidad y a las transformaciones de cada época.

Las obras de Rosana Simonassi, Ananké Asseff, Nicola Costantino, Natacha Voliakovsky, La Chola Poblete y otros artistas parten, en muchos casos, del propio cuerpo para cuestionar sus representaciones más normativas. Hay una energía casi física en estas imágenes: piel, gesto, máscara, identidad y artificio se mezclan hasta que ya no sabemos dónde termina el retrato y empieza la puesta en escena.

La fotografía editorial no siempre responde. A veces abre una grieta para que podamos mirar dentro.

Esta idea nos resulta cercana. En una sesión editorial, una persona tampoco es solo su apariencia. Importan la forma de caminar, la manera de ocupar una silla, un silencio antes de sonreír. El cuerpo cuenta incluso cuando permanece quieto.

La imagen como escenario y personaje

El proyecto dedicado a Batato Barea recupera la figura de un artista difícil de encerrar en una sola categoría. Actor, poeta y performer, se definía como clown travesti literario y convirtió el humor, la poesía y el transformismo en una forma de libertad escénica.

La retrospectiva, curada por Irene Gelfman, reúne registros audiovisuales de una trayectoria breve e intensa. Aparecen sus “numeritos”, su relación con la poesía de Pizarnik y esa mezcla tan particular de ironía y sensibilidad que todavía conserva fuerza.

Aquí la fotografía y el vídeo no funcionan únicamente como documentos. Son restos vivos de una presencia. Una mirada, un vestuario, un gesto exagerado pueden devolvernos algo de quien estuvo allí, aunque no hayamos compartido su tiempo.

En la fotografía editorial sucede algo parecido. La escena se prepara, sí, pero lo importante no es que todo parezca perfecto. Lo importante es que la imagen conserve una vibración: la sensación de que acaba de ocurrir algo o de que está a punto de suceder.

Retratar la música sin hacer ruido

Si no fuese fotógrafo, sería músico, presentado por la Galería Towpyha, reúne el trabajo de Gabriel Rocca como retratista de artistas y figuras de la cultura popular argentina. Sus fotografías recorren el rock, la psicodelia, el progresivo, la electrónica y la música alternativa.

Lo interesante no está solo en quién aparece, sino en cómo se construye la cercanía. La imagen de Los Twist en su sala de ensayo del Abasto, por ejemplo, nos sitúa lejos del retrato solemne. Hay un espacio concreto, una habitación compartida, una intimidad de trabajo. Antes que iconos, vemos personas dentro de su propio mundo.

Ese matiz transforma completamente una fotografía. Un retrato puede parecer distante si solo se preocupa por la pose. En cambio, cuando escucha el ambiente —la luz de una ventana, una pared gastada, la tensión de unas manos— empieza a contar algo más profundo.

Por eso, en una sesión editorial cuidamos tanto lo que rodea a la persona retratada como su expresión. La escenografía también habla. Una mesa, una chaqueta, una sombra o una pared pueden ser tan narrativas como una mirada.

Espacios que guardan a quienes los habitaron

La propuesta de Patricia Viel y Guillermo Srodek-Hart, presentada por ALMACÉN, lleva la atención hacia arquitecturas, altares, territorios y paisajes intervenidos. Son lugares donde la presencia humana se percibe aunque el cuerpo ya no esté.

En las obras aparecen superficies que pueden ser tocadas, heridas o modificadas. La fotografía deja de parecer una ventana completamente limpia y se convierte en una materia con espesor. Hay pliegues, perforaciones, fuego, contrastes entre blanco y negro, color y una presencia intensa del naranja.

Nos atrae especialmente esa tensión: fotografiar un espacio y, al mismo tiempo, revelar sus marcas. Una pared puede hablar de una familia. Un altar puede contener una historia entera. Un paisaje puede mostrar la huella de una decisión humana mucho después de que alguien se haya marchado.

En Benicarló y en el Maestrat tenemos una relación muy concreta con esa clase de memoria. Está en las fachadas, en los patios, en los talleres, en los objetos que pasan de una generación a otra. Cuando fotografiamos un entorno, no buscamos decorarlo: buscamos escuchar lo que ya está diciendo.

Qué podemos llevar a una sesión editorial

Estos proyectos de Pinta BAphoto no ofrecen una fórmula única. Más bien proponen distintas maneras de mirar:

  • El cuerpo como relato, no como simple apariencia.
  • La escena como lenguaje, con espacio para el artificio y la imaginación.
  • El retrato como escucha, atento a lo que ocurre alrededor.
  • La materia como memoria, capaz de conservar huellas y ausencias.

La fotografía artística editorial puede vivir en una galería, en una publicación o en una sesión pensada para una persona, una marca o una historia familiar. Lo esencial es que haya una mirada detrás. Que cada decisión —la luz, el fondo, el movimiento, el silencio— tenga un motivo.

En Roda & LaPepa trabajamos desde esa sensibilidad: imágenes cuidadas, pero nunca rígidas; elegantes, pero con espacio para lo inesperado. Si quieres conocer nuestros servicios, puedes descubrir cómo llevamos esta forma de mirar a distintos proyectos.

Y si ya tienes una idea rondándote la cabeza, aunque todavía esté hecha de retales, puedes contactar con el estudio. A veces una conversación tranquila es el primer encuadre de una buena historia.

Por Roda & LaPepa